La realidad que no puede ocultar el relato de Macri y Frigerio

Desde mediados de 2016, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y el presidente, Mauricio Macri, hablan reiteradamente de un supuesto despegue de la economía y del crecimiento en la generación de empleo. Sin embargo casos como el de la industria láctea Cotapa, de los productores tamberos entrerrianos (y de todo el país) o la parálisis en la construcción de la que pueden dar fe miles de albañiles paranaenses sin trabajo, le dan un baño de realidad a un relato que no deja atrás las promesas de campaña.

“Es nuestra obsesión generar puestos de trabajo de calidad”, decía Frigerio en mayo de 2016, después de las purgas empleados (supuestos ñoquis del kirchnerismo aunque cayeron miles en la misma bolsa) y ante los efectos evidentes de una política cambiaria y de incremento de tarifas e impuestos que hicieron mermar el poder de compra de los salarios. El impacto sobre el comercio y la industria y, por añadidura, sobre el empleo, no tardó en llegar.

Pero, al igual que el kirchnerismo, el macrismo -con otros socios, nuevos beneficiarios, pero los mismos perjudicados de siempre- construyó su relato para intentar enmascarar la realidad. Y Frigerio siguió lanzando frases, ante un “segundo semestre” que no llegó tal como lo esperaban.

Mientras tanto, en Entre Ríos, la crisis en el sector avícola provocaba suspensiones de trabajadores de los frigoríficos y, tras un fin de 2015 y un comienzo de 2016 con obras públicas paralizadas y caída de actividad en el sector privado, había un leve repunte en el empleo en la construcción aunque insuficiente para recuperar los 3.000 puestos de trabajo perdidos. Por su parte, los tamberos esperaban expectantes que los anuncios del presidente les permitieran dejar de vender su producción por debajo del costo, pero un mes de lluvias casi ininterrumpidas llegaría antes que las soluciones.

“Estamos empezando a generar empleo y esto se va a ir acelerando”, dijo el ministro en agosto y para no ser incrédulos, a lo mejor esta vez era cierto.

Llegó diciembre y otra vez la construcción parada. Basta con el ejercicio de recorrer cualquier barrio de la periferia paranaense -donde si hay un oficio que abunda es el de los albañiles- para comprobar que la gran mayoría da la misma respuesta cuando se lo consulta por el empleo: “En diciembre y enero se paró todo”, “no hay trabajo”.

Sin embargo, en febrero, el presidente Macri habló ante la Asamblea Legislativa del crecimiento de la construcción y su intención de generar “más empleo”, entre los desafíos del año, mientras que el ministro con aspiraciones políticas en Entre Ríos se quejó en estos días de que “en esta Argentina que se pone de pie empiezan los paros y las marchas”.

En esta Argentina “que se pone de pie” los tamberos entrerrianos siguen en situación de quebranto, pese a las promesas de hace casi un año y medio, los que aún subsisten siguen vendiendo por debajo del costo, agravándose la paupérrima situación que padecieron durante el kirchnerismo.

En esta Argentina “que se pone de pie”, industrias lácteas locales como Cotagú o Cotapa siguen en bancarrota, con suspensiones de empleados y 15 días de parálisis total de la actividad. Otras de mayor peso nacional, como Sancor, está al borde de la extranjerización.

En esta Argentina “que se pone de pie”, la falta de trabajo en la construcción, la que se respira en los barrios, deja a miles de familias sin su principal fuente de ingresos.

En esta Argentina “que se pone pie”, el poder político sigue necesitando de un relato, para tratar de minimizar lo que la realidad, a cachetadas le enrostra en la cara. Y mientras dura el proceso al esfuerzo deben hacerlo los eternos perjudicados, mientras a las mineras se les quitan las retenciones para seguir saqueando los recursos y envenenando los ríos, mientras a las empresas energéticas se les condonan deudas por 19.000 millones de pesos o mientras se autoriza a las petroleras a seguir subiendo tarifas a su antojo (y el de sus socios en el gobierno).

Resulta curioso que, en esta Argentina que “se pone de pie”  el gobierno haya virado de su resistencia inicial a aprobar la Emergencia Social reclamada por organizaciones sociales hasta reglamentar la norma luego del preocupante incremento de los índices de pobreza conocido en los últimos días. (aim)

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